martes, 3 de junio de 2008

Se reeditan libros clave de la historia y la literatura del Chaco

La provincia del Chaco no escapa a la obsesión argentina por encontrar una identidad. Es una pregunta al ver las mujeres tobas que llevan cestos para vender, o cuando los diarios muestran a criollos y wichís de El Impenetrable castigados por hambres idénticas. Esa acuarela extraña, espesa y vital, quiere quedar, al menos, atrapada en un libro. Por todo eso arrancó la Colección Rescate, una iniciativa del librero Rubén Bisceglia -de la Editorial Librería La Paz- junto a Francisco Romero, actual subsecretario de Cultura del Chaco. Se reeditaron ya varios títulos claves de la literatura y la historia local, que faltaban desde hace más de treinta años en las librerías. Es el caso de la novela Dios era verde de José Chudnovsky (originalmente publicada en 1965 con prólogo de Miguel Angel Asturias y premiada por Losada); el ensayo histórico Tres ciclos chaqueños (1955) de Guido Miranda, la novela Esta tierra es mía (1947) de José Pavlotzky o el poemario Gesto de soledad (1964) de José Adán Molfino Vénere. Muchos de estos títulos se presentaron en la reciente Feria del Libro local, visitada por 25.000 personas. En ese marco, otro acontecimiento cultural fue la presentación de Historia general del Chaco, obra inédita del investigador Ramón de las Mercedes Tissera, prologada por Félix Luna.Tissera, que en su historia hace entrar a los pueblos originarios de la región en la historia de los blancos, escribió ya en 1968 contra la pretensión de hacer creer que el Chaco nació en 1878 -el año en que llegaron los primeros inmigrantes europeos a Resistencia- como si ésta fuera "una tierra nueva sin herencias, sin ancestros". Tissera condenó esa visión porque "relegó lo telúrico a la categoría de folclore, acordonó la historia con una métrica insignificante, empobreció las raíces para destacar las flores" y terminó así "sacrificando la vitalidad del árbol". Uno de los gestores de la Colección Rescate es Francisco Romero, docente y escritor. En 2004 él quiso armar en la Feria del Libro Chaqueño un stand con los principales títulos locales y comprobó que eso era imposible. "Algunos de esos libros eran ejemplares únicos en las bibliotecas, entonces no se los podía sacar. Tres ciclos chaqueños llevaba medio siglo sin editarse", recuerda Romero. El primer paso se dio en febrero de 2005 con un emprendimiento conjunto de la Universidad Nacional del Nordeste y la Editorial Librería La Paz -que dirige Rubén Bisceglia- que hizo posible la reedición de las obras de Miranda y Chudnovsky. Este año se sumaron las de Tissera, Molfino Vénere y Pavlotzky.Romero es hoy subsecretario de Cultura del Chaco y se propone "ir sacando cuatro a seis títulos por año. Hablamos con las áreas culturales de las demás provincias del nordeste del país para que éste sea un rescate regional, no sólo de obras chaqueñas". El librero y editor Rubén Bisceglia dice que la colección busca "afianzar una identidad chaqueña guaranítica, resistir a una clara política de mercado que hizo que algunos títulos esenciales no se reeditaran durante generaciones. No quisimos caer en el desánimo de las estadísticas. Sí, en la provincia tenemos índices altísimos de analfabetismo y de miseria, pero los libros son herramientas de lucha contra todo eso".Precisamente, esta tarea editorial quiere rescatar la diversidad cultural del Chaco, su pluralidad de lenguas y experiencias. Por caso, el historiador Tissera dedica toda la primera parte de su obra a hablar de la amplia variedad de tribus indias que convivían en la región antes de la colonización. En el caso de Tres ciclos chaqueños del respetado periodista, escritor e historiador Guido Miranda, aquella única edición publicada en 1955 describía el proceso socioeconómico vivido desde la fundación de las primeras colonias chaqueñas hasta el auge del algodón, pasando por la explotación forestal indiscriminada. Dios era verde de José Chudnosky tiene un fuerte tono autobiográfico, con la melancolía de un hombre en el que se superponen la cotidiana fascinación por el paisaje rural y la añoranza de un padre que dejó la mitad del alma en Europa.El relato de José Pavlotzky, Esta tierra es mía está marcado por el realismo literario y el momento histórico del país -narra la vida en los obrajes y la lucha de los criollos por la propiedad de la tierra- sin ocultar la militancia socialista del autor. El poemario es de José Adán Molfino Vénere, Gesto de soledad, describe el sordo forcejeo entre el hombre y un universo que, aunque los astrónomos digan lo contrario, es una breve calle de tierra: "Estar solo es un gesto / Un pájaro midiéndonos el frío / hacia adentro", dice el autor de este libro. Los cinco autores de estos libros ya murieron. Como un símbolo de lo que es el Chaco, ninguno de ellos nació en la provincia. Pero los cinco quedaron enredados en sus telas de araña y luego, sin vuelta atrás, intentaron descifrar el enigma del alma colectiva.

El auto como musa inspiradora: un viaje en la gran máquina cultural

Qué sería de Elvis Presley sin su Cadillac rosa?, ¿y qué de Sandro, sin sus sensuales autos descapotables?, ¿qué efecto habrían hecho las primeras fotos eróticas hacia 1920 sin la compañía visual de un auto?, ¿cómo habría sido la vida y la muerte de James Dean sin su Porsche 550 Spyder?Al pensar estas respuestas, al imaginar la vida sin el automóvil, puede aparecer un vacío en la historia del arte y la vida cotidiana. Un vacío, porque el auto disparó en el imaginario cultural del siglo XX innumerables representaciones artísticas, que ya son parte de nuestra vida. El auto provocó una revolución cultural. Y esto fue así desde que nació como un juguete de los millonarios hasta que se masificó, en 1908, con el espartano Ford T creado por Henry Ford en Detroit.Es que el auto no sólo se convirtió en un objeto de uso cotidiano. Su significado trascendió el mundo de la mecánica y el transporte. El auto se transformó en un fetiche, un objeto de distinción, libertad, rebeldía, un símbolo de potencia sexual. El arte captó todo eso y lo representó. El investigador uruguayo Guillermo Giucci, autor del libro La vida cultural del automóvil. Rutas de la modernidad cinética -que acaba de editar la Universidad Nacional de Quilmes y la editorial Prometeo- afirma que el auto "es una gran proyección del hombre y en él puede verse la relación entre la expresión artística y la sociedad. Allí puede observarse como se van adaptando las nuevas tecnologías a la cultura". Giucci, docente en la Universidad de Río de Janeiro -enseñó también en Stanford, Los Angeles y Poitiers- es un experto en temas de cultura moderna, premiado con las prestigiosas becas Guggenheim y Tinker. Su libro pone al auto frente a un imaginario espejo donde se lo ve como una máquina cultural. "Hay muchas historias del auto desde el punto de vista técnico -explica el autor- pero mi objetivo fue presentar la trayectoria cultural del automóvil, eso permite pasear por una época y su cultura".Signo de progreso y modernización, el auto fue apropiado por las vanguardias artísticas de comienzos del siglo XX como el Futurismo italiano, que lo vio como símbolo de ruptura con el arte tradicional. Hacia el año 1909, al grito de "matemos al claro de luna", los futuristas liderados por Filippo Marinetti -quien luego sería un entusiasta de Mussolini- vieron en la civilización del automóvil un signo de la velocidad típica de los nuevos tiempos, una fuerza que arrasaba con el pasado y con las tradiciones del arte clásico. Esto es: una coupé Bugatti era tan hermosa, o más, que una estatua griega. Giucci apunta que Marinetti "llevó al extremo artístico una pasión colectiva por el objeto técnico", transformó al auto "en un emblema del aniquilamiento del tiempo y del espacio". Con el Futurismo italiano, dice Giucci, "el auto pasó a ser una extensión del ser humano, una prótesis". Si el siglo XX vió crecer el pro tagonismo de las mujeres en la vida pública, el automóvil fue un símbolo de su liberación. Un ejemplo es el cuadro de 1925 Autorretrato, de la artista polaca Tamara Lempicka, donde se la ve al volante de una Bugatti. Esta obra, señala Giucci, "atestigua la importancia del automóvil como signo de la liberación. Al contrario de Marinetti, Lempicka optó por una versión estática del movimiento, pero en esa versión la mujer dominaba el volante, es decir, el mundo". Esta imagen representaba "el sueño de control y de distinción. Hay algo de la mujer fatal en Lempicka, algo que se apoderaba de los emblemas masculinos y los dirigía a su gusto. También la colocaba como dueña de la tecnología, sin perder su dimensión femenina". El proletariado, la alienación, el sistema de montaje en cadena creado por Henry Ford, también inspiraron a muchos. El auto, la fe en la mecánica, la estética de la máquina, podían ser indistintamente una inspiración para fascistas o comunistas. Es el caso del escritor francés Louis Ferdinand Celine -quien adhirió al nazismo en los años 30- con su novela "Viaje al fin de la noche". Es el caso del muralista mexicano Diego Rivera -ícono de la izquierda cultural latinoamericana- quién, contratado por la familia Ford, pintó los murales de "Industria en Detroit" a fines de los años 20 en Estados Unidos, donde captó el interior de la fábrica, el movimiento y la energía del proceso industrial.En tiempos donde la velocidad se tornaba símbolo de la modernidad, la poesía tomó al automóvil como metáfora. En Latinoamérica, "la poesía fue especialmente sensible a esta unión de modernidad y tradición, representada por el auto. Los poetas de la vanguardia descubrieron nuevos temas para marcar sus diferencias con la generación anterior: la velocidad y vértigo de la vida moderna", explica Giucci. Es el caso del poeta brasileño Mario de Andrade -entre muchos otros- que escribía: "El amor existe. Pero anda en automóvil". Las marcas que el progreso dejaba en la sociedad con el auto como símbolo, revelaban su complejidad. Podía ser un símbolo de avance o de decadencia. Roberto Arlt en muchas de sus Aguafuertes Porteñas dio cuenta de eso, como en "El paraíso de los Inventores", donde habla de los cementerios de autos.Alarmado, un ensayista como Ezequiel Martínez Estrada marcaba que los choferes tenían "una actitud antisocial, que en algunos casos se convertía en instinto criminal". El auto aparecía como un arma asesina y el peatón, una víctima indefensa. Martínez Estrada también entendía que el automóvil aparecía como una extensión de la propiedad privada, que avanzaba peligrosamente sobre el espacio público. El auto podía generar pesadillas: hacia 1973 el escritor estadounidense J. G. Ballard contaría en su relato "Crash" -adaptado al cine en 1996 por David Cronenberg- la historia de un grupo de personas que se excita sexualmente con los accidentes de autos.También es cierto que, para los adolescentes que maduraron en la década de 1950, el auto era un signo de independencia. El rock reflejó eso en películas como Hot Rod Gang -filmada en 1958 con el cantante Gene Vincent- donde se veía a jóvenes que preparaban sus autos para correr picadas. Elvis Presley usó, como una extensión de sí mismo, un Cadillac rosa que hacía pasear -mientras él se quedaba en su casa- con un chofer, para complacer a sus fans. ¿Y qué decir del Rolls Royce de los Beatles, símbolo de la psicodelia de los años 60? Sin duda, el auto cambió el mundo. El teórico francés Roland Barthes decía que un Citröen era "el mejor mensajero de un mundo que excede al de la naturaleza". Ya en 1920 el poeta mexicano Salvador Novo lo intuía, cuando dijo que ese nuevo mundo nació el día en que Henry Ford "anegó de hormigas las calles del universo".

La cultura y el arte se cruzan con objetos y moda en las veredas de Palermo

Si Palermo es conocido por haber dado lugar a nuevas tendencias en distintas disciplinas, ahora entre sus calles moda y cultura se toman de la mano.A la luz de esta consigna nació, entre otros, el "Almacén de Belleza", un curioso local sobre la calle Nicaragua que se revela como un espacio ecléctico, cuyo concepto es vender belleza, en el formato en que se halle.Destinado sobre todo a las mujeres y tratando de apelar a tantos sentidos como sea posible, se encuentran allí libros, joyas, diseños de lencería, platos, copas, objetos decorativos y hasta abanicos.Su colección de libros, en inglés y español, está dedicada a la femineidad, el erotismo, la fotografía, la moda y otros temas asociados al placer de los sentidos. Allí están Las flores del mal, de Baudelaire, o el catálogo Picasso Erotique. Conjugando la imagen y la palabras, el local editó, para su apertura, un cuento titulado "El antifaz". Pero la vocación transgresora de los negocios en Palermo no termina aquí: por Jorge Luis Borges (la calle) aparece "Amor animal", una original tienda de mascotas que abrió sus puertas hace dos meses. En ella, al mismo tiempo que escogemos el último juguete de diseño para gatos podemos contemplar la obra de reconocidos artistas, cuyos trabajos se componen en torno al mundo animal. Así, hay oníricos conejitos fotografiados por Mario Caporalli, o coloridos collages de Nora Iniesta, cuyas obras inauguraron el local. Las obras son expuestas en una zona privilegiada de la tienda, que cuenta con la iluminación propia de cualquier galería de arte. Se prepara ya la próxima muestra, que comenzará entre los días 5 y 10 de abril, y que contará entre otros artistas aún por confirmar con Carlos Maroch.Un poquito más allá, sobre Thames, podemos parar a leer, comer o tomar un café en otro curioso mundo combinado: "La boutique del libro", un lugar donde la gastronomía, el arte y la lectura conviven sin ninguna extrañeza. Una librería, de un tamaño nada despreciable, da paso a una terraza donde sentarse a disfrutar de la lectura. Llama la atención su amplia sección de literatura infantil y también la destinada al diseño, la decoración y el cine, además de los cuadros que ocasionalmente se exhiben en sus paredes. Un buen barrio para caminar sin prejuicios y con los ojos, y la mente, bien abiertos, para reparar en este nuevo concepto, en el que la cultura y la moda pueden convivir y ofrecerse al público como un todo. Tiendas, que más allá de ser una simple opción comercial, convierten en arte y confieren los objetos cotidianos. Una opción donde arte y comercio se dan la mano en el salto hacia el siglo XXI.

Los argentinos, en el centro de la Feria del Libro Infantil de Bolonia

Hace ya años que en la Feria del Libro de Frankfurt quedó pequeño el espacio dedicado a la literatura infantil, cuyo crecimiento empezaba a exigir nuevas soluciones. Tanto fue así que los expertos decidieron que necesitaban un evento específicamente dedicado a la materia. Así nació la Feria del Libro Infantil y Juvenil de Bolonia, cuya edición 2008 abrió ayer, con la Argentina como país invitado.La feria está dedicada exclusivamente al ámbito profesional: compra y venta de derechos, y descubrimiento de nuevos autores y mercados. En ella se reunirán artistas y expertos de todo el planeta, para discutir, entre otras cosas, acerca de las últimas tendencias en este sector en indiscutible auge.Las cifras de Bolonia 2007 fueron sorprendentes, con 1.300 expositores y la asistencia de más de 4.000 profesionales de todo el mundo, pero 2008 trae aún más posibilidades. Habrá más de 20.000 metros cuadrados de exhibición y participan más de 66 países. Se trata de un enriquecedor punto de encuentro, donde los profesionales pueden establecer o afianzar sus relaciones.Además de los stands de las editoriales, con motivo del especial protagonismo de Argentina, este año hay uno de la Cámara Argentina del Libro, que tendrá un lugar central en la feria. Desde España, Alfaguara dedicará también a Argentina una parte de su stand y tendrá un panel con fotos de nuestros autores.Parte muy importante de la feria es la Exposición de Ilustradores, la más grande y prestigiosa muestra internacional de nuevas tendencias en ilustración infantil en la que Argentina tendrá este año un stand propio. A través del Foro de Ilustradores se convocó a concurso y los 32 trabajos seleccionados, más las especiales incorporaciones de reconocidos artistas como Isol y Oscar Rojas, se expondrán en Bolonia, mostrando el innovador lenguaje de las tendencias argentinas en cuanto a ilustración infantil.Uno de los autores invitados, el escritor, actor y músico Luis Pescetti, dará una charla sobre la música y el humor en la literatura infantil. El autor señaló a Clarín que "todo depende de cuánto libro exótico latinoamericano, cuánto realismo mágico necesiten en el exterior". Las otras dos escritoras argentinas invitadas, Silvia Schujer y Laura Devetach, participarán junto a la escritora brasileña Ana María Machado en una mesa redonda con el tema "Escribir para niños y jóvenes bajo la dictadura". "Hay que escribir para niños -afirma Laura Devetach- porque son la porción más importante de esta humanidad maltrecha." Schujer tiene posición tomada: "Hay que decirles a los niños cómo es el mundo, pero no cómo debe ser. No creo en las moralinas."

El dia de Ian McEwan: recibió ayer dos premios en Inglaterra

Esta es la obra maestra de un hombre que tiene la capacidad de ser serio, pero no solemne", decía el suplemento literario del diario británico Times. Esa obra es Chesil Beach, que ayer recibió en Gran Bretaña el premio "Libro del año"; ese hombre es Ian McEwan, que en la misma ceremonia fue elegido "Autor del año" por el jurado de los Galaxy British Book Awards en su decimonovena entrega. Este reconocimiento literario le dio una revancha al autor de Sábado, que no había obtenido -como se había rumoreado- los prestigiosos premios literarios Man Booker y Costa Prizes con su nueva novela.Pero McEwan, que no estuvo presente en la ceremonia, también se dio otro gusto al ser premiado por encima de la ganadora del último Premio Nobel de Literatura Doris Lessing, que estaba postulada pero no obtuvo nada. La entrega de premios se realizó en el Hotel Grosvenor House de Londres y tuvo entre sus estrellas al primer ministro británico Gordon Brown, la Spice Girl Geri Halliwell y el cineasta y actor Lord Richard Attenborough, entre otros. El actor Benedict Cumberbatch recibió el premio en nombre del escritor.McEwan y los demás ganadores fueron elegidos por votos del público y de la Academia de la Industria del Libro Británico, que entre sus 800 miembros incluye editores, libreros y ganadores anteriores. El premio sólo consiste en el trofeo entregado. Chesil Beach definida como una obra maestra por los críticos británicos, vendió 100 mil ejemplares tan sólo en las dos primeras semanas que salió a la venta en Inglaterra. Su editor, Dan Franklin, dijo entonces que Ian McEwan era un hombre feliz e inmensamente rico. Según el propio autor, este libro es más una reflexión sobre el amor, la vida y la ignorancia, y de cómo ciertas decisiones que tomamos en un momento tienen consecuencias a lo largo del tiempo. En una entrevista publicada recientemente, McEwan decía: "Con Expiación pinté un gran lienzo, que se extendía a lo largo de las vidas de los personajes. Chesil Beach es una nouvelle sobre una idea concreta: una noche de bodas, la primera velada íntima de una pareja. Hay una unidad de lugar: el hotel en la playa; sólo dos personajes; una puesta en escena limitada. Para una novela grande necesitas más cosas, saber qué les va a suceder después, los antecedentes de los personajes, datos sobre la época. Disfruto escribiendo novelones, pero tenía ganas de cambiar."McEwan nació en 1948 en Aldershot (Inglaterra). En 1975 publicó su primer libro Primer amor, últimos ritos y en 1998 fue distinguido por el prestigioso Booker Prize por Amsterdam.

El corazón ya te lo he dado

La carta, dirigida a ella, apremiaba. Urgente , prepoteaba el sobre. "Que yo acabo de leer ese libro... y estoy haciendo unas cosas que no sabía yo que era capaz de hacer... y ahora quiero preguntarle: ¿Qué sigue?", exigía cierta dama desde el remitente. "Pues que no tengo la menor idea –sincera en voz alta Angeles Mastretta, la mujer que se la pasa tendiendo sábanas y deshaciendo lechos para que los personajes de sus historias conozcan la pasión o el desamor–. Ella había leído Mal de amores y allí había una mujer que tenía dos hombres al mismo tiempo y ella quería saber cómo se hacía eso, porque ya le estaba pasando y eso era por culpa mía, y ahora yo tenía que resolver ese problema. Hay lectores que me escriben de manera urgente, un poco como si yo fuera médico psicoanalista, porque leyeron un libro mío." ¿Y cuál fue la respuesta a esa carta? Dije: "No, yo ya estoy muy complicada con los problemas míos. No me puedo hacer cargo de éste". ¿Cuáles serían los tuyos? Se me hace que debe ser difícil justificar una prosa de relatos encendidos en cuestiones amatorias si, como es sabido, desde hace casi treinta años una está casada con el mismo señor (su esposo es el escritor mexicano Héctor Aguilar Camín). Digamos que yo tuve una vida intensa los primeros diez años. Los anteriores a esos treinta. ¿Cómo se hace, de todos modos, para construir universos tan llenos de matices y sutilezas entre esposos, parejas y amantes, durmiendo treinta años con el mismo caballero? Ah, oigo mucho, sin lugar a dudas. Oigo mucho. Luego hay una cosa que me pasa como a los fotógrafos, que le roban cosas a la realidad. Tengo habilidad para imaginarme –de eso se trata lo que hago, pero bueno– situaciones y para fantasear con qué haría yo frente a eso. Cuando escribí A rráncame la vida , tenía yo treinta y un años. Y me dice Verónica, mi hermana, que la acaba de volver a leer: "Oye, Angeles, pero tú, a los treinta y un años, ¿a qué horas habías tratado con un macho de ese tamaño, que tuviera esas actitudes, que fuera así de drástico? No me puedes decir que te lo habías topado. ¿De dónde lo sacaste?". Pues yo supongo que estaba en el aire. Por supuesto, yo nunca tuve una relación como la de Catalina Ascensio –la protagonista de la novela–; nunca viví, hace cincuenta años, con un cacique asesino. Pero, por qué razón no me costó tanto trabajo imaginármelo, no sé. ¿Nunca te hicieron ningún planteo? El varón de la casa, por ejemplo, preguntando: '¿Y esto de dónde lo sacaste? ¿Cómo sabés tanto?'. Dice, muy chistoso: "No creas que no me reconozco en esas historias". Bueno, habría que apuntar en cuáles. Exacto. No le pregunté. Decidí que ése sí era un tema que no podíamos poner sobre la mesa: "¿Cómo? "¿En cuál te reconoces?" No, mejor dejarlo así. Insisto en que en las historias de tus libros –'Arráncame la vida', 'Mujeres de ojos grandes', 'Mal de amores', 'Maridos', por citar algunos– hay demasiados hombres con demasiados matices... En Mujeres de ojos grandes hay uno que me encanta. Hay un amante que le manda una carta a una mujer diciéndole que ya no puede seguir con ella. El marido la recibe y la lee, y se pone furioso contra el amante: "¡Cómo se atreve a decirle a mi mujer que es 'abandonable'!". Y entonces no le dice nada, la cobija y se lleva a los niños para que ella pueda llorar todo el día... Es una historia simpatiquísima y conmovedora. Mira, eso todo me lo inventé, no me pasó nunca ni me lo contó nadie nunca jamás. ¿FEMINISTA YO? Mastretta vive en una calle apretadita de Chapultepec, un barrio del DF mexicano cuyo parque automotor pareciera no acoger a ninguno del millón de autos de más de veinte años de antigüedad que fuman por la ciudad volviendo cada vez más irrespirable para los forasteros la nube que rodea al DF. Aquí se compró hace años una casa chorizo que hoy es, desde la calle Gelati, su platea al paraíso. Hay hasta una Santa Rita que se enamoró del árbol que las reformas respetaron y lo corteja con flores moradas a su alrededor. El otro escritor de la casa, como buen caballero, cedió el altillo de cristal a la madre de sus dos hijos menores –de veintipico–, que ya no viven con ellos. Y ella lo montó como un piso de soltera en el que, curiosamente, no abundan los libros. Sobre el escritorio de Angeles, la laptop titila en un documento de word. El pad para apoyar el mouse recopila fotos familiares; hay dos pares de gafas, un par de aros de esos que apretan demasiado y una agenda de la luna 2008. Está abierta en la primera semana de marzo, donde entre los compromisos pendientes hay una boda en Cozumel. Desde aquí, rodeada de cofres de madera –un ítem reiterativo en la decoración de la planta baja–, Mastretta escribe libros que se leen mucho. El último, Maridos , estuvo, en Buenos Aires, primero en ventas durante este verano. ¿Asumiste como una militancia el hecho de reivindicar a esas mujeres anónimas, fuertes y audaces? ¿Cómo te ven las feministas? Ah, ésa es una cosa que yo también tengo como duda. Porque no vayas a creer que ellas me consideran. Las feministas mexicanas tenían sus serias dudas respecto de si lo que yo hacía era tener unas mujeres con una postura feminista, porque no hacían teoría. ¿Y qué les respondés? Que yo creo que la actitud es teoría. Tú no tienes que escribir un libro, no tienes que ser una teórica de la liberación para hacer con tu vida lo que quieres. Mis mujeres, mis personajes, no tienen detrás una teoría pero sí son muy dueñas de sí mismas. Y esa vocación de ser dueñas de sí mismas está puesta con absoluta conciencia y deliberadamente por mí. Ahora que me lo preguntas, no me lo planteé nunca como una militancia. ¿Qué es entonces? Quizás un acto de fervor. A la hora de contar historias, ¿cuál es el mejor tópico: el amor o el desamor? Es que yo creo que son parte de la misma cosa. Entonces, si cuentas una cosa o cuentas la otra, estás, de todas maneras, hablando de lo mismo. Lo que a mí me parece esencial como lugar para que sucedan las cosas de mis libros es la pareja. Sí, la necesito. Incluso en Maridos , hay pareja hombre- hombre y pareja mujer-mujer, pero sí necesito a la pareja y sí necesito al triángulo, como está en A rráncame la vida con toda claridad, y en Mal de amores . Necesito ese tejido. Me intriga, me entretiene. NO ME SUBESTIMEN ¿Existe la llamada literatura latinoamericana para mujeres? Donde siempre surge tu nombre, el de Isabel Allende, el de... Qué complicado, ¿verdad? Qué complicado. ¿Suena a subestimación? Sí, claro. ¿Por qué no hay pediatras femeninas o cardiólogas femeninas? Yo sí creo que hay tal cosa como la literatura, y que eso es lo importante. Lo ideal es que te lean como un escritor. Bueno... Karen Blixen –escritora danesa, (1885-1962)– lo tenía clarísimo. Escribió con el nombre de un hombre y se puso Isak Dinesen. Además, las mujeres están leyendo mucha más ficción que los hombres. Entonces, bueno, ¿qué pasa que muchas veces las mujeres leen mujeres? ¿Se sienten cerca de las que cuentan historias? Yo hago lo que sé cómo se hace. Cuento historias y muchas veces las protagonistas son mujeres. Pues sí, pues yo vivo adentro de una. Tiene lógica. Nadie le pregunta al Gabo García Márquez por qué Aureliano Buendía es más importante que ningún otro personaje. Pues bueno, lo escribió él, él quiso que Aureliano fuera más importante, incluso, que Ursula. ¿Te sentís discriminada? Bueno, esto sigue siendo... sí sigue siendo discriminación. Es inevitable. Pero al mismo tiempo, yo creo que hay que verlo de las dos maneras. También pasa que hay mucha gente que se acerca a esos libros por eso. Yo siempre decía: "No, no hay tal cosa como la literatura femenina. Hay la buena y la mala literatura y ahí hay mujeres que sirven y hombres que sirven". Pero he ido aprendiendo que hay un matiz. Y que sí escribo desde los ojos y desde la experiencia de una mujer. Porque no es verdad que escribes dentro de un andrógino ni dentro de un hombre; escribo dentro de ésta que soy yo. Sin embargo no hay literatura masculina y hay escritores varones que se meten a contar historias con personajes femeninos como una Ana Karenina (de León Tolstoi) o una Madame Bovary (de Gustave Flaubert). Exactamente. Nadie le dice: "Ah, usted escribió ahí como hombre". Y la verdad es que sí podríamos pensar que escribió como hombre. Y que por eso Ana y Emma son drásticamente castigadas. Las mujeres de Jane Austen no quedan así de castigadas. En lo personal, hacer un libro que no termine con cuatro gotas de esperanza, no sé si puedo. Un crítico adjudicó a tu optimismo que Madame Bovary en tus manos no se hubiera suicidado. ¿Qué otro final de novelas memorables cambiarías? Bueno, mira, soy una gran admiradora de Jane Austen y no cambiaría uno solo de sus finales. Tengo una preocupante relación con el suicidio. Yo sí creo que... por ejemplo, toda la vitalidad y la audacia de Ana Karenina, en el momento en el que Tolstoi hace que enloquezca un poco y que luego se suicide, la castiga. A Ana Karenina y a Madame Bovary , sin lugar a dudas les cambiaría el final. Ahora está clarísimo que así tenía que pasar. Emma Bovary lo que quiere es el absoluto. También Ana Karenina. Y también yo. También todos nosotros... A ver, ¿qué más?... No cambiaría, sin embargo, los finales de las tragedias griegas. LA HISTORIA DE UN FANTASMA Las mujeres de 'Maridos', ¿son más escépticas o más realistas que las anteriores? Muchas de ellas parten de la infidelidad del varón, conviven con mayor naturalidad con la deslealtad del compañero y hasta hay algunas que fantasean con un engaño que no ocurre en la realidad. Se parecen más a nosotras, ¿no? Yo creo que, además, ahí hay una mirada de una mujer de cincuenta años –Mastretta cumplirá 60 el año que viene–. Muchas de estas mujeres tienen también una doble cosa respecto de sus propias vidas. Tienen también una comprensión de sí mismas. Creo que son mujeres muy juguetonas. Son abiertas, son inteligentes. ¿Por qué la historia que da marco a los relatos, la de Julia Corzas, nunca se cuenta? Yo empecé el libro diciendo: "Vamos viendo que una mujer cuente historias". Tenía planeado que la historia de ella se fuera contando en los intersticios, pero se hacía muy pesado. Ahorita que lo pienso y lo platico contigo, digo: "Y, bueno, igual debí de haber ido contando cosas en medio"... Pero ahí puede haber una historia; finalmente, yo ahora puedo decir: "Ya tengo el principio de un libro". El principio de un libro que va a ser: "Julia Corzas tuvo varios maridos. El primero, su padre; el segundo, su abuelo; el tercero, un fantasma; con el cuarto, se casó". Entonces, el libro es la historia del fantasma. Tendríamos que tomar nota de esto, antes de que desaparezca como te pasó en 2004 con una novela entera, ¿no? Ah, sí. Pero luego apareció. Era malísima. Yo creo que quería hacerme el favor de desaparecer. Lo que estuvo bien es que me recuperaron el anecdotario que hace diez años que escribo... ¿Llevás un diario? ¿Y alguna vez volvés sobre lo que escribiste ahí? Es como un diario, pero le llamo anecdotario porque no lo escribo todos los días. Y un poco también para reírme de mí en esta cosa de que lo que no es importante es anecdótico. De repente, escribo qué hubo de comer, qué ropa se puso mi hija y qué se dijo en un desayuno familiar. No creo que lo vaya a guardar, no le va a interesar a nadie. Está lleno de domesticidad. No creo que de ahí se pueda hacer un libro, pero yo creo que para mí va a ser muy útil, para todos los ejercicios que hay que hacer contra el Alzheimer es buenísimo. También es muy bueno para solucionar algunos de mis problemas conyugales, por supuesto. Como, por ejemplo, cuando empezamos a discutir con "¡Eso pasó en el 2004!", "Mentira, pasó en el 2003", "No, mentira, fue en el 2004". "Tú dijiste, yo dije..." y así hasta el infinito. Entonces voy rápidamente al anecdotario, lo miro y le digo: "Mira, así pasó". ELLA Y ELLOS ¿Hay varones que leen tus libros? Es que hay un público de hombres que no pasa frente a mis libros. No es que no les gusten, es que no va a ellos. Pero los que van, se quedan. Y se vuelven muy amigos de lo que hago. Y muchas veces, sos son muy buenos lectores. Tanto lo fueron que hasta se tomaron el trabajo de llegar incluso a un libro mío. ¿Cuál es la marca en el orillo Mastretta? ¿Cuál es tu sello personal? ¿Qué da Mastretta que no da ningún otro autor? No, eso... ¡qué bueno que no me toca decirlo a mí! ¡Eso te toca decirlo a ti! Yo sí te digo que hay un tono, un ritmo en las cosas que cuento. Como hay una forma de cortar en ciertas modistas. Creo que es como cuando bailas, pues bailas con el cuerpo que tienes. Extiendes tus brazos hasta donde te alcanzan y te mueves tan rápido como puedes. Y eso se acaba teniendo que notar en lo que haces. Supongo que ésa es la diferencia entre hacer literatura y hacer redacción correcta. Entonces, no sé exactamente qué sea... pero espero que haya tal cosa como que tú puedas ver, que tú puedas estar delante de un texto mío y que alguien te lo lea y que tú digas: "Ah, creo que es de Angeles Mastretta". Eso sería maravilloso. Ya estaría yo del otro lado en la vida, ¿no? Si así fuera, ya estoy hecha.

Fuente: Clarin.com

Tucuman: Literatura, folclore y empanadas

Hay un tentador olorcito a empanadas en el stand que la Provincia de Tucumán tiene en la 34 edición de la Feria del Libro, que reúne una importante selección de la producción local y recibe a diario a destacadas personalidades de las letras, músicos y bailarines.En lo estrictamente literario y cultural la Provincia destacó en su stand del pabellón Ocre la presencia de la Universidad Nacional de Tucumán y del Instituto Miguel Lillo, ambas instituciones exponen allí algunas ediciones del amplio catálogo que tienen en el campo de las letras y la investigación.Y hubo espacio para la gastronomía. Ayer, el marco del ciclo "Placeres y sabores", la campeona nacional de la empanada, María Estela Pachado, de Famaillá, presentó el libro El arte de cocinar, publicación a cargo de la UNT, y cocinó en vivo, por supuesto, las tradicionales empanadas tucumanas para el deleite de los paladares presentes.Mañana, en el día de la Provincia de Tucumán en La Feria, ha brá una mesa de debate sobre "Cultura y desarrollo: Tucumán... una proyección histórica". En ese mismo encuentro se analizarán los impactos de la caña y la industria azucarera en la región tucumana, con exposiciones de Roberto Pucci, Lucía Mercado y Jesús Roberto Rojas, secretario de Cultura de Famaillá.Las nuevas tendencias serán presentadas por Ricardo Calvo, director de letras y pensamiento crítico, y por Patricia Cazón, directora de acción cultural. Y el evento tendrá un final a pura música con la presentación del guitarrista de trayectoria internacional, Pablo González Jasey, quien presentará el espectáculo "Guitarra tucumana".Por otra parte, el stand ofrece, todas las tardes, talleres de folclore y zapateo para los estudiantes que visiten la Feria y los fines de semana actividades abiertas para todo público. Así cuando cae el sol y uno está cansado de caminar por el predio de la Rural, es posible sentarse y gozar de recitales que distintos músicos brin dan mostrando la tradición criolla y las danzas folclóricas.

Mucho más que un cuento chino

El escritor más exitoso en la actualidad en China no es Gao Xingjian, que ganó el Nobel en 2000. Ni siquiera Jiang Rong, el autor de la popular novela Wolf Totem (El tótem lobo), que acaba de publicarse en los Estados Unidos. Es Guo Jingming, un ídolo popular de 24 años que se traviste y tiene una verdadera obsesión por su imagen, algo que lo convirtió en una gran sensación en un país en el que el gobierno comunista abraza la pacatería y la heterosexualidad. Miles de adolescentes desbordan las sesiones de firmas por parte de Guo. Algunos suben declaraciones de amor a su blog: "Little Four, te voy a querer siempre", ya que el apodo de Guo procede de "guerra de la cuarta dimensión", una cita que encontró en una revista. Además de las cartas de admiración dirigidas al "Hermano mayor Guo", el autor sube fotos suyas semidesnudo en la ducha, o envuelto en accesorios de Dolce & Gabbana y camisas estilo Luis XIV.El amor que despierta Guo dista de ser universal. El otoño pasado se lo votó el personaje famoso más odiado de China por tercer año consecutivo en Tianya, uno de los foros online más grandes del país. De todos modos, se vendieron más de un millón de ejemplares de sus cuatro novelas y el año pasado fue el escritor chino que más dinero ganó: un millón y medio de dólares. Las novelas chinas más elogiadas de los últimos años -Wolf Totem (una parábola sobre la muerte de la cultura mongola y una crítica velada a la Revolución Cultural), To Live, de Yu Hua; Republic of Wine, de Mo Yan- suelen usar los personajes como vehículos para comentarios políticos y sociales. Las novelas de Guo, en cambio, se concentran en la mente torturada de sus personajes adolescentes, que cultivan su melancolía pasando horas sentados bajo los árboles, o tratan de olvidarla mediante el alcohol, las peleas y el karaoke."Mi principal objetivo es contar bien la historia y que todos la disfruten", dijo Guo hace poco en una entrevista telefónica. Eso no equivale a decir que se dedica por completo a la evasión. A pesar del melodrama y la abundancia de marcas, el espacio urbano contemporáneo de sus novelas, señaló Guo, está mucho más cerca de la realidad de sus lectores que el ámbito rural de los clásicos modernos chinos. Si bien suele condenárselas y calificárselas de "escritura en serie", sus novelas frívolas reflexionan a su modo sobre temas sociales. El editor de la primera novela de Guo, City of Fantasy (sobre el príncipe de 350 años de un Reino de Hielo que se ve obligado a matar a su hermano menor para proteger el trono) declaró a uno de los principales semanarios chinos que había decidido publicar la novela porque resultaría atractiva a los chicos solitarios de la generación de hijos únicos de China.Guo es el más exitoso de una decena de escritores que conforman la generación "post años 80". El grupo comprende al automovilista Han Han, que tiene veinticinco años. En sus novelas critica el sistema educativo ineficiente de China e insulta a los artistas más establecidos en su blog. Otro integrante del grupo es Zhang Yueran, de veintiséis años, cuya novela Daffodils Took Carp and Went Away presenta a una chica bulímica que se enamora de su padrastro, sufre el maltrato de su madre y va a parar a un internado. Si bien el gobierno chino con frecuencia detiene a los escritores disidentes o los obliga a exiliarse, ignora las excentricidades de Guo y los demás escritores de ese grupo. A pesar de su extravagancia, éstos ejemplifican los ideales sociales de la nueva China -comercialismo e individualismo-, señala Lydia Liu, profesora de literatura china de la Universidad de Columbia. "No constituyen una amenaza", dice Liu. "Colaboran."

Dario Estrella

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